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Viajar será más que recorrer kilómetros, será una forma de conectar, de aprender y de encontrar sentido.
  •  El viajero busca experiencias que aporten calma, aprendizaje y significado, favoreciendo destinos sostenibles y culturas que ofrecen una “verdad” para descubrir.

El 2026 se perfila como el año en que viajar dejará de ser un simple desplazamiento para convertirse en un acto con sentido, y esta transformación tiene al viajero como protagonista. Las más recientes encuestas internacionales revelan que, los viajeros están redefiniendo sus prioridades, ahora buscan experiencias que respondan a su identidad, a su bienestar emocional y a una necesidad de reconexión con lo auténtico.

Los nuevos turistas llegan con una sensibilidad distinta, ya que buscan destinos que les permitan respirar, escuchar y participar; lugares donde la naturaleza no sea un telón de fondo sino un espacio de conexión. Esta generación de viajeros, liderada por millennials y jóvenes de la Generación Z, privilegia experiencias que aportan valor personal y colectivo. Se inclinan por alojamientos con certificaciones ambientales, programas que apoyen a comunidades locales y propuestas que aseguren que cada visita deje un impacto positivo.

De forma paralela crece el interés por experiencias genuinas, los turistas quieren aprender oficios tradicionales, cocinar con ingredientes locales, formar parte de rutas gastronómicas de origen y convivir con comunidades que preservan costumbres vivas.

A esto se suma la irrupción de la inteligencia artificial en la experiencia turística, con asistentes virtuales, aplicaciones predictivas e itinerarios personalizados que simplifican la planificación y permiten adaptar cada viaje a las motivaciones individuales.

El bienestar surge como una de las razones centrales para viajar. Los destinos que ofrezcan retiros de yoga, spas naturales, actividades de relajación y programas de turismo consciente serán muy valorados, en un momento donde las personas buscan equilibrio emocional tanto como descanso físico.

En este escenario, Costa Rica emerge como un destino que encaja de forma natural con las nuevas motivaciones del viajero global. Su modelo de conservación se convierte e ejemplo natural del “viaje con propósito”. Aunque representa apenas el 0,03 % de la superficie terrestre, concentra cerca del 6,5 % de la biodiversidad mundial y protege más de una tercera parte de su territorio mediante 153 áreas silvestres.

Según datos recientes del ICT, en 2024 los principales motivos para visitar Costa Rica fueron el sol y playa (71,4 %), la gastronomía local (65,3 %), la observación de flora y fauna (40,8 %), la visita a volcanes (42,9 %) y las experiencias culturales.

Las cifras reflejan a un turista que busca calma, contacto con la naturaleza, autenticidad y, sobre todo, propósito. Como explica Heilyn James, líder del ICT para México y Sudamérica, “Costa Rica no ofrece simplemente un lugar para visitar. Brinda un espacio para descubrir un ‘por qué’. Su naturaleza, sus comunidades y su filosofía ‘Pura Vida’ invitan al viajero a conectar con lo esencial”.

Ese “viaje con propósito” descansa en tres dimensiones que hoy guían las preferencias globales: la conexión con el entorno natural, con beneficios emocionales y físicos; la inmersión comunitaria; y la intención personal, que convierte cada viaje en una experiencia de reflexión y crecimiento.

 

 


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